[ANEXO 2]LA
DIFERENCIA ENTRE EL ESTILO SOBRIO Y EL ESTILO PLANO E INDIGNO DE LA NOBEL ANNIE
ERNAUX.
Según
la teoría del iceberg de Hemingway, la escritura «descarnada» de la Nobel
francesa carece de valor al no omitir nada que refuerce la narración.
Mario
de las Heras
Madrid
24/10/2022 .
A
Virginia Woolf le desagradaban profundamente los libros y el estilo de
Hemingway. Decía que estaban llenos de cosas horribles, como coches. Podría
pensarse que lo que en realidad le desagradaba a Woolf era todo Hemingway por
ser precisamente lo opuesto, salvo en tres cosas fundamentales: la vocación,
que ambos desarrollaban de pie, y la muerte.
De
Hemingway dijo también Norman Mailer que bastaba con leerse todos sus libros
para aprender a escribir. No opinaba lo mismo Faulkner,
contemporáneo y «rival» del autor de Fiesta, a quien, a pesar de situar en la
lista de los mejores escritores de su época en tercer lugar, por detrás de
Thomas Wolfe y de sí mismo, añadió que «jamás ha utilizado una sola palabra
que pudiese mandar al lector en busca de un diccionario».
La
«dignidad del iceberg»
Cuando
se lo contaron, Hemingway dijo años más tarde: «Pobre Faulkner. ¿De veras
cree que las grandes emociones surgen de las grandes palabras? ¿Cree que no
conozco las palabras altisonantes? Las conozco de sobras. Pero hay palabras más
viejas y simples, y esas son las que uso. ¿Has leído su último libro? Es
todo escritura de borracho, claro, pero antes era bueno. Antes de la botella, o
cuando aún la tenía bajo control».
Hemingway
tenía una teoría, la del iceberg: «Si un escritor en prosa conoce lo
suficientemente bien aquello sobre lo que escribe, puede silenciar cosas que
conoce, y el lector, si el escritor escribe con suficiente
verdad, tendrá de estas cosas una sensación tan fuerte como si el escritor las
hubiera expresado. La dignidad de movimientos de un iceberg se debe a que
solamente un octavo de su masa aparece sobre el agua. Un escritor que omite
ciertas cosas porque no las conoce, no hace más que dejar lagunas en lo que describe».
El
estilo de la Nobel francesa Annie Ernaux es generalmente descrito como sobrio,
aunque ella misma lo llama «escritura plana». No hay nada de altisonancia o de
«faulknerianismo diccionarial» en las frases de Ernaux. Quizá la única
altisonancia, de otra clase, es la de la crudeza del lenguaje, su ausencia de
edición, también emocional. Un flujo de la conciencia y sus similitudes con la
prosa espontánea de Kerouac, de la que Truman Capote dijo: «Eso no es
escribir, es mecanografiar». No es sobrio el estilo de Ernaux, como el de
Hemingway, sino plano, como describe la propia escritora francesa.
La
sobriedad incluye siete octavos de volumen bajo las palabras, lo que no existe
en la planicie de Ernaux, donde no hay nada por debajo, acaso un llano como el
de Rulfo «donde no hay nada. A no ser unos cuantos huizaches trespeleques y una
que otra manchita de zacate con las hojas enroscadas». Ya hay mucho más bajo el
desierto inventado del mexicano que en la vida real de la francesa que suspende
en la imaginaria asignatura, en el canon, impartida por Hemingway.
El
páramo de Ernaux
Annie
Ernaux conoce toda su vida y la cuenta sin omitir nada. Tampoco los momentos
más duros, difíciles o escabrosos, que acaban por definir toda su obra. «La
dignidad de los movimientos del iceberg» de los que carece el páramo de Ernaux.
No
sabemos qué habría dicho Hemingway del estilo de la última Nobel, pero quizá sí
algo se puede imaginar al recordar lo que dijo de Katherine Mansfield: «Había
escrito buenos cuentos, había incluso escrito grandes cuentos, pero cuando
quise leerla después de conocer a Chéjov me parecía oír los relatos pulcros y
artificiales de una solterona joven, comparados con lo que puede contar un
médico de mucha inteligencia y experiencia, que además era un escritor bueno y
sencillo».
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