jueves, 22 de enero de 2026

EL CREADOR LITERARIO Y EL FANTASEO

 

EL CREADOR LITERARIO Y EL FANTASEO (1908)

ERMG


"El creador literario y el fantaseo" es un influyente ensayo de Sigmund Freud publicado en 1908.

En este texto, Freud establece una conexión directa entre el juego infantil, las fantasías (sueños diurnos) y la creación literaria:

El niño y el juego: Freud sostiene que el niño que juega se comporta como un poeta, pues crea un mundo propio y lo dota de un orden nuevo que le agrada, tomándoselo muy en serio.

Del juego al fantaseo: Al crecer, el adulto deja de jugar y busca un sustituto. Como el adulto se avergüenza de sus fantasías por considerarlas infantiles o prohibidas, las oculta.

La función de la fantasía: Las fantasías son el motor de la insatisfacción. Una persona feliz no fantasea; solo lo hace quien tiene deseos no cumplidos. Estas suelen ser de dos tipos: de ambición (para elevar la personalidad) o eróticas.

El escritor como "liberador": El autor literario toma sus fantasías personales y las transforma mediante el "ars poetica". Al hacerlo, suaviza el carácter egoísta del sueño diurno y ofrece al lector un "placer previo" (estético) que permite liberar tensiones psíquicas profundas sin generar vergüenza.

 

 

1

Los poetas harto a menudo nos aseguran que en todo hombre se esconde un poeta, y que el último poeta sólo desaparecerá con el último de los hombres.

2

El poeta hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo de fantasía al que toma muy en serio, vale decir, lo dota de grandes montos de afecto, al tiempo que lo separa tajantemente de la realidad efectiva.

3

El adulto, cuando cesa de jugar, sólo resigna el apuntalamiento en objetos reales; en vez de jugar, ahora fantasea. Construye castillos en el aire, crea lo que se llama sueños diurnos.

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Hay un género de hombres a quienes no por cierto un dios, sino una severa diosa —la Necesidad—, ha impartido la orden de decir sus penas y alegrías. Son los neuróticos.

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Es lícito decir que el dichoso nunca fantasea; sólo lo hace el insatisfecho.

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El nexo de la fantasía con el tiempo es harto sustantivo. Es lícito decir: una fantasía oscila en cierto modo entre tres tiempos, tres momentos temporales de nuestro representar.

El trabajo anímico se anuda a una impresión actual, a una ocasión del presente que fue capaz de despertar los grandes deseos de la persona; desde ahí se remonta al recuerdo de una vivencia anterior, infantil las más de las veces, en que aquel deseo se cumplía, y entonces crea una situación referida al futuro, que se figura como el cumplimiento de ese deseo, justamente el sueño diurno o la fantasía, en que van impresas las huellas de su origen en la ocasión y en el recuerdo. Vale decir, pasado, presente y futuro son como las cuentas de un collar engarzado por el deseo.

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No puedo omitir el nexo de las fantasías con el sueño. Tampoco nuestros sueños nocturnos son otra cosa que unas tales fantasías.

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Hasta aquí las fantasías. Pasemos ahora al poeta. ¿Estamos realmente autorizados a comparar al poeta con el «soñante a pleno día», y a sus creaciones con unos sueños diurnos?

9

La novela psicológica en su conjunto debe sin duda su especificidad a la inclinación del poeta moderno a escindir su yo, por observación de sí, en yoes-parciales, y a personificar luegoen varios héroes las corrientes que entran en conflicto en su propia vida anímica.

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Para que posea algún valor nuestra equiparación del poeta con el que tiene sueños diurnos, y de la creación poética con el sueño diurno mismo, es preciso ante todo que muestre su fecundidad de cualquier manera. Intentemos, por ejemplo, aplicar a las obras del poeta nuestra tesis ya enunciada sobre la referencia de la fantasía a los tres tiempos y al deseo que los engarza, y procuremos estudiar también con su ayuda los nexos entre la vida del poeta y sus creaciones.

En general, no se ha sabido con qué representaciones-expectativa era menester abordar este problema; a menudo ese nexo se imaginó demasiado simple. Desde la intelección obtenida para las fantasías, nosotros deberíamos esperar el siguiente estado de cosas; una intensa vivencia actual despierta en el poeta el recuerdo de una anterior, las más de las veces una perteneciente a su niñez, desde la cual arranca entonces el deseo que se procura su cumplimiento en la creación poética; y en esta última se pueden discernir elementos tanto de la ocasión fresca como del recuerdo antiguo.

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La creación poética, como el sueño diurno, es continuación y sustituto de los antiguos juegos del niño.

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El  goce genuino de la obra poética proviene de la liberación de tensiones en el interior de nuestra alma.

 

 

 

 

 

sábado, 10 de enero de 2026

MÚSICA PARA CAMALEONES

 

MÚSICA PARA CAMALEONES DE TRUMAN CAPOTE (1980)

(Resumen del prólogo)


 

1

Mi vida –como artista, por lo menos– puede ser proyectada en un gráfico con la misma precisión que una fiebre, registrándose altos y bajos, ciclos específicamente definidos. Comencé a escribir a los ocho años, inesperadamente, sin la inspiración de un modelo.
2

Sólo cuatro cosas me interesaban: leer, ir al cine, zapatear y dibujar. Luego, un día, empecé a escribir, sin saber que me había encadenado, de por vida, a un amo noble pero despiadado.

3

 

Cuando Dios nos ofrece un don, al mismo tiempo nos entrega un látigo, y éste sólo tiene por finalidad la autoflagelación.

4

Había que aprender, y de tantas fuentes: no sólo de los libros, sino de la música, de la pintura, de la mera observación cotidiana. En realidad, lo más interesante que escribí en ese tiempo fueron las simples observaciones cotidianas que asentaba en mi diario.

 

5

Uno aprende más del fracaso que del éxito. Así fue en mi caso, y más adelante pude aplicar con gran provecho lo que aprendí.

6

En un cuento de Henry James, creo que The Middle Years, el protagonista, que es un escritor en las sombras de la madurez, se lamenta: “Vivimos en la oscuridad, hacemos lo que podemos; el resto es la locura del arte”.

 

7

Los escritores, al menos los que están dispuestos a correr verdaderos riesgos, los que se aventuran a todo, tienen mucho en común con otra raza de solitarios: los que se ganan la vida jugando al billar y a los naipes.

8

Muchos pensaron que estaba loco al pasar seis años recorriendo las llanuras de Kansas; otros rechazaron mi concepción de la “novela verídica”, decretándola indigna de un escritor “serio”. Norman Mailer la describió como “un fracaso de la imaginación”, queriendo decir, supongo, que un novelista debería escribir sobre algo imaginario y no sobre algo real.

9

Durante cuatro años, aproximadamente entre 1968 y 1972, me dediqué a leer, seleccionar, corregir y clasificar mis propias cartas, las de otras personas, mis diarios (que contienen descripciones detalladas de cientos de escenas y conversaciones) correspondientes al período 1943-1965. Tenía la intención de utilizar gran parte de ese material en un libro que planeaba desde hacía años: una variante de la novela verídica.

Lo titulé Answered Prayers (Plegarias escuchadas), que es una cita de Santa Teresa, quien dijo: “Se derraman más lágrimas por plegarias escuchadas que no escuchadas”. Comencé a trabajar en este libro en 1972, escribiendo primero el último capítulo (siempre es bueno saber adónde va uno). Luego escribí el primero, “Monstruos no malcriados”, después el quinto, “Un severo insulto al cerebro”, a continuación el séptimo, “La côte basque”. Proseguí de esta forma, escribiendo distintos capítulos fuera de secuencia. Pude hacerlo porque el argumento –o argumentos, más bien- eran verídicos, y todos los personajes, reales.

 

 

 No era difícil recordarlo todo, pues no había inventado nada. Sin embargo, no fue mi intención escribir un roman à clef, ese género en que los hechos se disfrazan de ficción. Mis intenciones eran lo opuesto: quitar los disfraces, no fabricarlos. En 1975 y 1976 publiqué cuatro capítulos del libro en la revista Esquire. Esto enojo en ciertos círculos, en los que se tuvo la sensación de que yo estaba traicionando confidencias, maltratando a amigos y / o a enemigos. No quiero discutir esto; se trata de política social y no de mérito artístico. Diré solamente que todo lo que tiene el escritor para trabajar es el material que ha reunido como resultado de su propio esfuerzo y de sus observaciones, y no se le puede negar el derecho de usarlo. Se podrá condenar su uso, pero no negárselo.

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Por empezar, creo que la mayoría de los escritores, incluso los mejores, recargan las tintas. Yo prefiero aligerarlas, usar un estilo simple y cristalino como un arroyo de campo. Descubrí que mi estilo se volvía demasiado denso, que me llevaba tres páginas conseguir efectos que debería lograr en un solo párrafo. Volví a leer y a releer todo lo que había escrito en Answered Prayers, y empecé a tener dudas, no acerca del material o de mi enfoque, sino de la textura del estilo.

 

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Un escritor debía tener a su disposición, sobre su paleta, todos los colores, todas las habilidades para poderlos combinar y, cuando fuera apropiado, aplicar simultáneamente.

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 Por lo general, el periodista tiene que entrar en la obra como personaje, como observador testigo, si es que quiere mantener el libro dentro del plano de lo verosímil. Yo sentía que era esencial, para el tono aparentemente objetivo del libro, que el autor permaneciera ausente. En realidad, en todos mis reportajes, siempre intenté mantenerme lo más invisible que fuera posible. Ahora, sin embargo, me coloqué en el centro del escenario y empecé a reconstruir, de una manera severa y mínima, conversaciones cotidianas con personas comunes: el encargado de mi edificio, un masajista en el gimnasio, un viejo compañero de escuela, mi dentista. Después de escribir cientos de páginas sencillas, llegué a conseguir un estilo. Había descubierto un marco dentro del cual podía asimilar todo lo que sabía del arte de escribir. Más tarde, utilizando una versión modificada de esta técnica, escribí una nouvelle verídica (Féretros tallados a mano) y una cantidad de cuentos. El resultado es el presente volumen, Música para camaleones. ¿Cómo ha afectado todo esto al resto de mi obra en preparación, Answered Prayers? Considerablemente. Mientras tanto, heme aquí solo, sumido en mi oscura locura, completamente solo con mi mazo de naipes y, por supuesto, con el látigo que Dios me dio.

miércoles, 26 de noviembre de 2025

YO ESCRIBO PARA PODER OLVIDAR.

 

HÉCTOR ABAD FACIOLINCE: YO ESCRIBO PARA PODER OLVIDAR.

 


1

Yo escribo para poder olvidar", dice el escritor Héctor Abad Faciolince.

2

"Yo escribo para no tener pendiente eso en la cabeza, para no tener que vivirlo, masticando, rumiando, repasando, sobre todo las cosas horribles".

"Si las pongo en papel, ya no soy responsable de tener que contarlas, ya las escribí y mi memoria puede descansar".

domingo, 23 de noviembre de 2025

DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE ESCRIBIR.

 

DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE ESCRIBIR.

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra






En “De qué hablo cuando hablo de escribir” (2015) Haruki Murakami comparte su experiencia en el mundo de las letras y filosofa sobre el sentido de la escritura.

1

En esencia, los escritores somos seres egoístas, generalmente orgullosos y competitivos.

2

No hay nadie tan generoso y con corazón más grande que los escritores de ficción.

3

Una novela puede escribirla casi cualquiera que se lo proponga: se puede lograr sin entrenamiento. Basta con saber redactar correctamente , tener un bolígrafo, un cuaderno y cierta imaginación para inventar una historia. No hace falta estudiar en una universidad concreta, ni se precisan unos conocimientos específicos para ello.

4

Sobrevivir como escritor es extremadamente difícil.

5

El número de escritores no tiene límites, pero sí el espacio en las librerías.

6

Escribir novelas no es un espacio adecuado para personas extremadamente inteligentes, porque ese es un trabajo lento, de marchas cortas. Una persona inteligente puede transmitir un mensaje con pocas palabras. Un novelista dirá lo mismo en un largo libro con infinitas paráfrasis.

7

Escribir novelas es ciertamente un trabajo con un rendimiento muy escaso.

8

Los escritores son seres necesitados de algo innecesario.  Los escritores no hacen ninguna falta en este mundo.

9

Escribir novelas es un trabajo bastante torpe, tan solo se trata de tocar y retocar frases hasta descubrir si funciona o no, y para hacerlo no queda otra que encerrarse en una habitación.

10

Escribir a mano provoca una enorme sensación de frescura. El corazón brinca de emoción.

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No hace falta recurrir a palabras difíciles ni a giros complejos para que la gente te entienda.

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Si escribir no resulta divertido , no tiene ningún sentido hacerlo.

13

Sólo el cinco por ciento de las personas leen literatura de manera habitual.

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La originalidad consiste en tener un estilo propio, ser capaza de superar ese estilo peculiar para evolucionar y hacer de esa originalidad un estándar.

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“Para llegar a la fuente hay que nadar siempre contra la corriente . Todo lo que se deja arrastrar río abajo no es más que un desperdicio”.(Zbigniew Herbert, poeta polaco.)

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Hay que tirar a la papelera el exceso de información, limpiar los circuitos del sistema de información para que vuelvan arrancar en nuestras cabezas con toda libertad.

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No he sufrido nunca un periodo de sequía creativa.

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Para escribir hay que leer mucho, observar en todos sus detalles un fenómeno y no sacar conclusiones precipitadas. Mientras más lento sea ese proceso, mucho mejor.

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No hago anotaciones. Las cosas verdaderamente importantes no se olvidan, así como así.

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La imaginación es una combinación de recuerdos fragmentados e incoherentes.

21

Alguien capaz de escribir una novela es alguien capaz de comunicarse con los habitantes de otros planetas.

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Las novelas largas constituyen una línea de vida. Los relatos cortos son un campo de entrenamiento.

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No puedo hacer dos cosas a la vez cuando me empeño en algo serio.

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Para escribir novelas largas me impongo la regla de completar diez páginas al día.

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Me despierto por la mañana temprano, me preparo un café y me siento a la mesa durante cinco horas seguidas.

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Escribo la primera versión. Descanso una semana y luego empiezo la primera reescritura. Dejo que la novela duerma en un cajón. La retomo y hago correcciones.

27

Hay que aceptar las críticas sobre nuestros escritos con humildad y modestia.

28

“Una novela se perfecciona después de releerla, de quitarle algunas comas y volver a leerla una vez más para poner las comas en el mismo sitio donde estaban” (Raymond Carver).

29

Cuando releo encuentro muchos defectos y por eso casi nunca vuelvo a mis libros ya publicados.

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Escribir novelas constituye un trabajo individual, sin un final determinado, que se lleva a cabo en una habitación cerrada.

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El estado de ánimo y el sufrimiento van aparejados al hecho concreto de la escritura.

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Me levanto de madrugada y me concentro en la escritura durante cinco horas. Después del mediodía me echo una siesta, escucho música o leo algún libro que no interfiera en mi trabajo. Hago ejercicios durante una hora: un escritor está acabado cuando engorda. Si no hay ejercicios, las neuronas mueren al cabo de un día.

33

Hay que escribir una novela para comprender verdaderamente la dimensión de la soledad.

34

El fundamento de todo escritor es contar una historia.; expresado con otras palabras, se puede decir que es penetrar en la parte más profunda de la conciencia.

35

La sobriedad y la monotonía resultan imprescindibles si uno quiere escribir.

36

He enseñado en varias ocasiones en universidades de Estados Unidos, aunque carezco de título de docente.

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Nunca me ha gustado competir con otras personas.

38

Mi deseo con relación al sistema educativo es sencillo: que no aplaste la imaginación de los niños que la tienen.

39

No tomo como modelo a personas reales para mis novelas.

40

Una de las cosas que más me divierten de escribir es convertirme en quien quiera a voluntad.

41

Durante mucho tiempo fue incapaz de poner nombres a mis personajes.

42

Escribir es una renovación constante, tenga la edad que se tenga.

43

El escritor siente que tiene la edad del personaje que describe.

44

Escribo para mí mismo. Escribir oculta la intención de curación de uno mismo.

45

No firmo libros. Soy un escritor.  La vida es breve y el tiempo y la energía son limitados.

46

La única cosa que hay que temer de verdad es morir rodeado de aduladores y alabanzas.

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Las novelas brotan con naturalidad del interior de uno mismo.

48

Solo logro poner en orden lo que pienso cuando escribo.

 

 

 

 

 

viernes, 15 de marzo de 2024

Qué dicen de nosotros los libros que tenemos

 

Sociedad

Qué dicen de nosotros los libros que tenemos

 


 

Francesc Miralles se adentra en los misterios de las bibliotecas personales y de cuándo la acumulación de ejemplares comienza a ser un problema

 

Cadena SER

13/03/2024 - 08:03 GMT+3

En una conferencia, el escritor Sergi Pàmies habló de lo que la biblioteca propia dice sobre la persona y los dilemas que conlleva mantener una. Por ejemplo, la falta de espacio y la dificultad cada vez mayor de encontrar lugares donde donar los libros.

 

Algunos de los problemas o dilemas a la hora de desprenderse de los libros pueden ser:

 

¿Qué hacer con los libros de los amigos?

¿Y con los dedicados?

Si subrayas el libro ya no te lo aceptan, ¿Qué hacer entonces?

¿Cuántos libros imprescindibles hay en una casa?

Según Pàmies, su "guardia pretoriana" está formada por 150 libros que siempre necesita tener a mano. Otros 700 no pueden ser descartados por diversas razones.

 

Los problemas de Miralles con las bibliotecas también son notables:

 

Su padre tenía 10.000 libros y decidir qué hacer con ellos tras su fallecimiento fue un desafío.

Las mudanzas son oportunidades para hacer una selección, ¿Cuál debería ser el criterio de filtro?

¿Qué hacer cuando un libro que estás leyendo no te gusta o te aburre demasiado? Una táctica de Francesc es "olvidar" libros en lugares públicos, en una suerte de bookcrossing espontáneo.

Jordi Nadal, editor de Plataforma, menciona los "dioses lares" y los peligros de ser demasiado generoso al regalar libros. Un escritor amigo de Miralles, tras salir de la editorial con una buena cantidad de libros, dijo: "Hay editores que no regalan libros, liberan stock". Además, se plantea la cuestión de las nuevas "enfermedades" relacionadas con los libros, como la adicción compulsiva a comprar más de los que se puede leer. En este punto, Miralles recuerda lo que decía Schopenhauer al respecto.

 

La biblioteca de Roald Dahl es otro buen ejemplo a dar a conocer. El autor de 'Charlie y la fábrica de chocolate' justificaba tener su biblioteca en una cabaña aparte de la casa principal. Según él: "En casa te conviertes en una persona diferente, no eres más un hombre ordinario que se pasea y cuida a sus hijos. Que come meriendas y hace cosas tontas. Tu biblioteca te permite entrar a un mundo completamente diferente. Yo personalmente cierro las cortinas de la habitación para no ver a través de la ventana, y coloco una pequeña lámpara que alumbre mi tablero. Todo lo demás en tu vida desaparece quedando absorto en un pedazo de papel. Te conviertes en otra persona por un momento. El tiempo desaparece por completo. Podrías comenzar a las nueve de la mañana y la próxima vez que mires al reloj, cuando empiezas a sentir hambre y ya es la hora del almuerzo. Y no tienes la menor idea de que han pasado ya tres o cuatro horas."

 

Del artículo 'El maravilloso y terrible hábito de comprar demasiados libros', publicado en Publisher Weekly, la revista de los editores, el motivador Francesc Miralles destaca: "Una biblioteca de libros en su mayoría no leídos es mucho más inspiradora que una biblioteca de libros ya leídos. No hay nada más emocionante que terminar un libro y caminar hasta tus estantes para descubrir qué vas a leer a continuación."

 

EL CREADOR LITERARIO Y EL FANTASEO

  EL CREADOR LITERARIO Y EL FANTASEO (1908) ERMG "El creador literario y el fantaseo" es un influyente ensayo de Sigmund Freud...