domingo, 30 de octubre de 2022

[10]CONSEJOS DE ERNEST HEMINGWAY PARA ESCRIBIR UNA NOVELA.

 


 


 

1. A la hora de crear a tus personajes.

Cuando un escritor escribe una novela, debe crear gente viva; personas, no personajes. No crees personajes, crea personas comunes en situaciones no tan comunes. Los personajes deben ser tan reales que den la sensación de que lo que se narra pasó realmente. Deberán estar proyectados desde el corazón, desde la cabeza, desde el conocimiento, desde la experiencia acumulada del propio escritor.

 2. Consejos de estilo.

Escribe frases breves. Comienza siempre con una oración corta. Utiliza un inglés vigoroso. Sé positivo, no negativo.

Evita el uso de adjetivos, especialmente los extravagantes como “espléndido, grande, magnífico, suntuoso”.

Estudia a fondo el diccionario.

No se deben recargar los escritos de palabras resonantes, ni crear personajes tan increíbles que ni al autor convenzan.

3. Céntrate en lo pequeño.

Evita lo monumental. Rehúye de lo épico. El individuo que puede pintar cuadros enormes muy buenos, puede pintar cuadros pequeños muy buenos.

4.-Anímate y supera las dificultades.

A veces, cuando me resulta difícil escribir, leo mis propios libros para levantarme el ánimo, y después recuerdo que siempre me resultó difícil y a veces casi imposible escribirlos.

No te rindas. No te conformes.

5.Parte de tu propia experiencia y de ti mismo.

Las personas de una novela, no los personajes construidos con habilidad, deben ser proyectadas desde la experiencia asimilada del escritor, desde su conocimiento, desde su cabeza, desde su corazón y desde todo lo suyo.

6. Inspírate en otros artistas.

Hemingway quería escribir como Cézanne pintaba sus cuadros. Cézanne empezaba con todos los trucos. Después destruía todo lo que había pintado hasta ese momento y entonces empezaba de verdad.

7. Que no te importe el qué dirán.

 ¡Por el amor de Dios! Escribe y no te preocupes por lo que digan de ti, ni de si será o no una obra magistral.

8. No te lo tomes a guasa.

Seriedad absoluta en lo que se escribe, es una de las dos necesidades categóricas. La otra, por desgracia, es el talento.

9. A veces hay que contenerse a la hora de escribir.

Mi tentación siempre es escribir demasiado. Lo mantengo bajo control para no tener que cortar paja y reescribir. Los individuos que piensan que son genios porque nunca han aprendido a decir no a una máquina de escribir, son un fenómeno común.

10. Un escritor no describe, inventa, crea algo nuevo.

Un escritor, si sirve para algo, no describe. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal.

11. Déjate llevar.

 Nunca se lo que va a suceder en una novela, a medida que avanza pasa lo que tiene que pasar.

12. Aprender a darte cuenta cuándo te has equivocado.

El don más esencial para un buen escritor es un detector de mierda interno, a prueba de choques. Es el radar del escritor y todos los grandes lo han tenido.

13. Escribe desde el conocimiento de los escritores del pasado.

Un escritor de nuestro tiempo tiene que escribir lo que no ha sido escrito antes o superar a los escritores muertos en lo que hicieron. La única manera en que puede decir cómo va, es compitiendo con los hombres muertos… Pero la lectura de todos los buenos escritores podría desanimarlo. Entonces debe ser desanimado.

 14. Busca la soledad y no le tengas miedo.

Para escribir me retrotraigo a la antigua desolación del cuarto de hotel en el que empecé a escribir. Dile a todo el mundo que vives en un hotel y hospédate en otro. Cuando te localicen, múdate al campo. Cuando te localicen en el campo, múdate a otra parte. Trabaja todo el día hasta que estés tan agotado que todo el ejercicio que puedas enfrentar sea leer los diarios. Entonces come, juega tenis, nada, o realiza alguna labor que te atonte solo para mantener tu intestino en movimiento, y al día siguiente vuelve a escribir.

La vida del escritor es solitaria, no esperes rodearte de multitudes que alaben tu trabajo. Nada te asegura el éxito instantáneo. Las grandes obrar universales se descubrieron muchos años después de la muerte de sus autores. Transformar la soledad en algo positivo te ayudará a enfocarte en lo que quieres plantear y a dónde quieres llegar.

El autor debe alejarse de las preocupaciones cotidianas para escribir. Su mesa de trabajo es un lugar tan lejano en la memoria y la imaginación, que solo el autor —y quienes lean su obra— alcanzarán a vislumbrarlo.

15. Pero buscar la soledad no significa aislarse.

 El escritor no puede vivir de espaldas a la realidad social de su época.

Siempre tener en cuenta en la obra el tiempo atmosférico y cronológico.

16. No te abandones. Y no dejes de “vivir”.

Nadie trabaja todos los días durante los meses de calor sin ponerse rancio: hay que tomarse el tiempo de asearse y vivir un poco, no ser un zombi de lápiz y papel (no tostarse los ojos frente al ordenador), el mundo más allá del escritorio tiene posibilidades que solo puedes explotar si sales y vives un rato.

 Come bien para que el hambre no te interrumpa el trabajo.

17. Corrige.

Relee lo escrito una y otra vez, cientos de veces, y mejóralo. Hemingway dejaba sus libros terminados 2 o 3 meses para retomarlos luego y corregirlos con cabeza fría, libre de influencias, y con nuevas ideas.

18. La razón por la que escribes sí importa.

No escribas por dinero.

miércoles, 19 de octubre de 2022

ANEXO [1]EDUARDO LIENDO Y LA CREATIVIDAD LITERARÍA

 


 

 

 ANEXO [1]


EDUARDO LIENDO Y LA CREATIVIDAD LITERARÍA

 

Es obvio, que la cualidad de la observación se halla integrada en el proceso de investigación que plantea toda obra de creación. Aun tratándose de ficciones, muchas veces resulta indispensable que los textos más imaginativos tengan su sustento en la investigación de la realidad; tal conocimiento puede ser primordial para lograr, por ejemplo, la verosimilitud de un personaje o de una circunstancia.

 

La investigación no es, de ninguna manera, ajena al oficio del escritor de ficciones. Para decirlo con la ilustrativa analogía empleada por Hemingway: "El conocimiento representa las tres cuartas partes del iceberg que está sumergido en el agua", lo que no se lee en el texto, pero que el escritor conoce con propiedad.

 

 

.La investigación suministra los datos, que luego podrá utilizar con toda la libertad que le permita su imaginación. Algunos autores refieren sus precisas investigaciones de aspectos geográficos, históricos, culturales, técnicos, ambientales, etcétera; relacionados con su obra de ficción, algunos cuentan prácticas sorprendentemente divertidas, por ejemplo, Lawrence Durell, quien con un desenfado excepcional confiesa: "No puedo recordar ninguna de las flores silvestres de las islas griegas sobre las cuales escribo con tanto éxtasis; tengo que buscarlas en los libros”. Y Dylan Thomas me dijo una vez que “los poetas sólo conocen a dos pájaros a simple vista; uno es el gorrión y el otro la gaviota, y los demás tienen que buscarlos en los libros también. Así que no soy el único que padece el defecto visual. Tengo que corroborar constantemente mis propias impresiones".

 

Podemos advertir y suponer, por ejemplo, la detenida y amplia investigación previa que requirió la creación de obras como el Canto General, de Neruda; Terra Nostra, de Carlos Fuentes; Yo el Supremo, de Roa Bastos. Memorias de Adriano, de Margarite Yourcenar o   La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa. Pero también obras más breves como Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos o el poema El Cuervo, de Edgar Allan Poe, analizado rigurosamente por su propio autor.

 

La experiencia personal, aunque con la discreción que impone el caso, permite referir más directamente la importancia de la investigación del tema. Para mi novela Diario del enano (1995) leí, o en algunos casos releí, una extensa bibliografía en torno al poder absoluto, aunque esta ficción del tirano José Niebla se inscribe en códigos fantásticos. En Si yo fuera Pedro Infante (1989), también novela, y no biografía del actor y cantante, debí sumergirme en revistas viejas, canciones despechadas o nostálgicas y películas aderezadas con trifulcas y un sentimiento dulzón muy propio de los años 40 y 50 en la llamada época de oro del cine mexicano, que tuvo resonancia en toda Latinoamérica y el Caribe.

 

También conservo como experiencia grata el haber acompañado a Gabriel García Márquez y al periodista Simón Alberto Consalvi, en su visita al Departamento de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Venezuela, cuando investigaba datos para su novela El General en su laberinto. En esa ocasión le interesaba la variada iconografía de Simón Bolívar, él quería definir un rostro para su personaje, y recuerdo que después de observar los retratos un rato con detenimiento, comentó: "Parece más verídico el retrato de Jamaica, donde tiene el pelo ensortijado y rasgos mestizos, porque aún no le habían acuñado el perfil de héroe romano". Es evidente que el escritor no puede dejarlo todo al capricho de su imaginación y saquea constantemente la realidad que lo nutre, quizás el arte de narrar radica en no hacer completamente obvia esa interrelación. Es posible que el escritor prescinda de muchos datos reales, pero conocerlos y desecharlos forma parte de su libertad de creación. Mientras que ignorarlos, puede significar una seria limitación.

 

Sin pretender enunciar algún juicio inalterable, puede considerarse que aún los temas fantásticos y más imaginativos tienen conexión con cierta verosimilitud que exige el lector. Dados ciertos condicionamientos, el mayor absurdo puede resultar literariamente creíble. Como, por ejemplo, las obras dramáticas Esperando a Godot y Final de juego del gran dramaturgo Samuel Beckett.

 

Los autores que han desarrollado su obra en las últimas décadas cuentan con una herramienta inestimable para sus investigaciones, aunque no suplanta al talento creador, la colaboración eficaz del veloz "tío" Google. Sin embargo, este medio recibe el menosprecio de autores tan relevantes como Javier Marías, reconocido ampliamente por Mañana en la batalla piensa en mí, Corazón tan blanco, Los enamoramientos y otras novelas y ensayos literarios. Parece que en esta actividad creadora como enseña el refranero popular: "Cada quien tiene su manera de matar pulgas".

 

IMAGINAR

Seguramente las capacidades que venimos enumerando: condición de obstinado lector, voluntad de creación, voluntad de estilo, observación, afán investigativo; resultan insuficientes si no se encuentran estimuladas por una vigorosa y fértil imaginación, éste es el ángel del escritor, su parte alada.

 

La cualidad esencial de la literatura y el arte es la imaginación. Podría decirse que la calidad de la imaginación es la levadura que puede producir una trasmutación poética de la realidad. Los otros elementos, técnicas y recursos, deben ser fecundados por la imaginación; sólo ella puede revolucionar por las formas en que se manifiesta la creación artística. Pienso que Picasso, Chaplin, Borges, Villalobos, Wiltman, Kafka, Frida Kahlo, Reverón, Lennon, Teresa de la Parra, Cortázar; entre otros extraordinarios creadores, fueron prodigios de imaginación con un gran dominio de sus recursos expresivos. Toda gran obra de arte o literatura es una muestra excepcional de la imaginación de un creador.

 

Crear es imaginar, inventar, subvertir la realidad. Esto parece igualmente válido para la ciencia. Entre todas sus capacidades, de la única que Albert Einstein se sentía orgulloso era de su "imaginación soñadora", la cual lo condujo a sus más audaces aportes científicos. En este sentido se le atribuye una frase rotunda: "La imaginación es más importante que el conocimiento". Viniendo de una mente tan calificada hay que darle la significación que tiene. Todo logro humano relevante fue antes sueño premonitorio en la mente de un ser imaginativo, como se sabe, la imaginación es la cualidad humana que más nos aproxima a los dioses. A esos dioses extraordinarios creados o imaginados por el hombre en sus búsquedas de trascendencia.

 

EL CREADOR LITERARIO Y EL FANTASEO

  EL CREADOR LITERARIO Y EL FANTASEO (1908) ERMG "El creador literario y el fantaseo" es un influyente ensayo de Sigmund Freud...