ANEXO [1]
EDUARDO LIENDO Y LA CREATIVIDAD LITERARÍA
Es
obvio, que la cualidad de la observación se halla integrada en el proceso de
investigación que plantea toda obra de creación. Aun tratándose de
ficciones, muchas veces resulta indispensable que los textos más imaginativos
tengan su sustento en la investigación de la realidad; tal conocimiento
puede ser primordial para lograr, por ejemplo, la verosimilitud de un personaje
o de una circunstancia.
La
investigación no es, de ninguna manera, ajena al oficio del escritor de
ficciones. Para decirlo con la ilustrativa analogía empleada por Hemingway:
"El conocimiento representa las tres cuartas partes del iceberg que está
sumergido en el agua", lo que no se lee en el texto, pero que el
escritor conoce con propiedad.
.La
investigación suministra los datos, que luego podrá utilizar con toda la
libertad que le permita su imaginación. Algunos autores refieren sus precisas
investigaciones de aspectos geográficos, históricos, culturales, técnicos,
ambientales, etcétera; relacionados con su obra de ficción, algunos cuentan
prácticas sorprendentemente divertidas, por ejemplo, Lawrence Durell, quien con
un desenfado excepcional confiesa: "No puedo recordar ninguna de las
flores silvestres de las islas griegas sobre las cuales escribo con tanto
éxtasis; tengo que buscarlas en los libros”. Y Dylan Thomas me dijo una
vez que “los poetas sólo conocen a dos pájaros a simple vista; uno es el
gorrión y el otro la gaviota, y los demás tienen que buscarlos en los libros
también. Así que no soy el único que padece el defecto visual. Tengo que
corroborar constantemente mis propias impresiones".
Podemos
advertir y suponer, por ejemplo, la detenida y amplia investigación previa que
requirió la creación de obras como el Canto General, de Neruda; Terra Nostra,
de Carlos Fuentes; Yo el Supremo, de Roa Bastos. Memorias de Adriano, de
Margarite Yourcenar o La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa.
Pero también obras más breves como Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos o el poema
El Cuervo, de Edgar Allan Poe, analizado rigurosamente por su propio autor.
La
experiencia personal, aunque con la discreción que impone el caso, permite
referir más directamente la importancia de la investigación del tema. Para mi
novela Diario del enano (1995) leí, o en algunos casos releí, una extensa
bibliografía en torno al poder absoluto, aunque esta ficción del tirano José
Niebla se inscribe en códigos fantásticos. En Si yo fuera Pedro Infante (1989),
también novela, y no biografía del actor y cantante, debí sumergirme en
revistas viejas, canciones despechadas o nostálgicas y películas aderezadas con
trifulcas y un sentimiento dulzón muy propio de los años 40 y 50 en la llamada
época de oro del cine mexicano, que tuvo resonancia en toda Latinoamérica y el
Caribe.
También
conservo como experiencia grata el haber acompañado a Gabriel García Márquez y
al periodista Simón Alberto Consalvi, en su visita al Departamento de Libros
Raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Venezuela, cuando investigaba
datos para su novela El General en su laberinto. En esa ocasión le interesaba
la variada iconografía de Simón Bolívar, él quería definir un rostro para su
personaje, y recuerdo que después de observar los retratos un rato con
detenimiento, comentó: "Parece más verídico el retrato de Jamaica, donde
tiene el pelo ensortijado y rasgos mestizos, porque aún no le habían acuñado el
perfil de héroe romano". Es evidente que el escritor no puede
dejarlo todo al capricho de su imaginación y saquea constantemente la realidad
que lo nutre, quizás el arte de narrar radica en no hacer completamente
obvia esa interrelación. Es posible que el escritor prescinda de muchos datos
reales, pero conocerlos y desecharlos forma parte de su libertad de creación.
Mientras que ignorarlos, puede significar una seria limitación.
Sin
pretender enunciar algún juicio inalterable, puede considerarse que aún los
temas fantásticos y más imaginativos tienen conexión con cierta verosimilitud
que exige el lector. Dados ciertos condicionamientos, el mayor absurdo puede
resultar literariamente creíble. Como, por ejemplo, las obras dramáticas
Esperando a Godot y Final de juego del gran dramaturgo Samuel Beckett.
Los
autores que han desarrollado su obra en las últimas décadas cuentan con una
herramienta inestimable para sus investigaciones, aunque no suplanta al talento
creador, la colaboración eficaz del veloz "tío" Google. Sin embargo,
este medio recibe el menosprecio de autores tan relevantes como Javier Marías,
reconocido ampliamente por Mañana en la batalla piensa en mí, Corazón tan
blanco, Los enamoramientos y otras novelas y ensayos literarios. Parece que en
esta actividad creadora como enseña el refranero popular: "Cada quien
tiene su manera de matar pulgas".
IMAGINAR
Seguramente
las capacidades que venimos enumerando: condición de obstinado lector, voluntad
de creación, voluntad de estilo, observación, afán investigativo; resultan
insuficientes si no se encuentran estimuladas por una vigorosa y fértil
imaginación, éste es el ángel del escritor, su parte alada.
La
cualidad esencial de la literatura y el arte es la imaginación.
Podría decirse que la calidad de la imaginación es la levadura que puede
producir una trasmutación poética de la realidad. Los otros elementos, técnicas
y recursos, deben ser fecundados por la imaginación; sólo ella puede
revolucionar por las formas en que se manifiesta la creación artística. Pienso
que Picasso, Chaplin, Borges, Villalobos, Wiltman, Kafka, Frida Kahlo, Reverón,
Lennon, Teresa de la Parra, Cortázar; entre otros extraordinarios creadores,
fueron prodigios de imaginación con un gran dominio de sus recursos expresivos.
Toda gran obra de arte o literatura es una muestra excepcional de la
imaginación de un creador.
Crear
es imaginar, inventar, subvertir la realidad.
Esto parece igualmente válido para la ciencia. Entre todas sus capacidades, de
la única que Albert Einstein se sentía orgulloso era de su "imaginación
soñadora", la cual lo condujo a sus más audaces aportes científicos. En
este sentido se le atribuye una frase rotunda: "La imaginación es
más importante que el conocimiento". Viniendo de una mente tan
calificada hay que darle la significación que tiene. Todo logro humano
relevante fue antes sueño premonitorio en la mente de un ser imaginativo, como
se sabe, la imaginación es la cualidad humana que más nos aproxima a los
dioses. A esos dioses extraordinarios creados o imaginados por el hombre en sus
búsquedas de trascendencia.

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